Por Juan José Dalton

Tres casualidades es mucha coincidencia para no hablar del tema

SAN SALVADOR – Hay cosas que uno no se puede explicar de momento, pero suceden. Los creyentes dicen: Dios así lo quiso, mientras que los no creyentes dicen que la casualidad es también una categoría dialéctica.

 

Pero el caso es que recién una persona desconocida me envió vía Internet un artículo que fue escrito el 12 de julio de 1982 por Jesús Ceberio, cuando entonces era corresponsal de El País (de España), en América Latina y tenía como base México DF. Nunca me imaginé que era Ceberio uno de los corresponsales extranjeros que acudirían a una conferencia de prensa que daríamos José Antonio Morales Carbonell y yo, como representantes del Comité de Presos Políticos de El Salvador (COPPES), en la que exigíamos libertad para nuestros ex compañeros que sufrían en las cárceles.

 

Ceberio es en la actualidad uno de los directores del Grupo Prisa, dueño de El País, quizá el diario más importante y leído de Iberoamérica, y del que orgullosamente soy colaborador habitual. Ceberio es además una de las personalidades más emblemáticas en el mundo de la prensa actual que emite opiniones, da pautas y genera transformaciones en el terreno del periodismo actual, afectado por la revolución tecnológica.  Por eso me sorprendió el hallazgo de aquel escrito, así como apreciar las vueltas que da la vida.

 

El caso es que en esos mismos días, me escribió desde República Dominicana, Manuel Terrero Sánchez, el guerrillero dominicano con quien me capturaron herido en Chalatenango, en medio de una ofensiva del ejército. Tenía años, muchos años, de no saber nada de Manuel, a quien conocíamos como “Frank” y es protagonista de un relato que publiqué en estas páginas y que se llama “Frank Sinatra en Mariona”. “Frank” me salvó la vida, fue la “causa” principal para que el médico Wilfredo Centeno Engels y yo no fuéramos ejecutados por los soldados, debido a que el ejército creyó que al fin tendría una prueba de la “intervención de Cuba” en El Salvador, porque por su hablar caribeño fue confundido con cubano.

 

¡Qué raro!, me dije. Por esos días también supe de un grupo de ex presos políticos se reunieron en la antigua Cárcel de Santa Tecla, donde nació el COPPES. La alcaldía de Santa Tecla ha hecho una buena labora histórica al estar gestando un proyecto por medio del cual aquel recinto de la injusticia se convertirá en un museo que recuerde y dignifique a tantos torturados en la época de las dictaduras.

 

Los dejo con el reporte de Jesús Ceberio, de aquella conferencia:

 

El infierno de las cárceles de El Salvador, contado por guerrilleros que han conseguido salir con vida