Edmundo Jarquín (*)

MANAGUA-Cuando el periodista Adolfo Pastrán solicitó mis comentarios sobre las recientes encuestas que ponen al FSLN con ventaja electoral y, además, revelan un crecimiento en las opiniones favorables que recoge el Presidente Ortega, comenté que había que separar dos cosas. Por un lado, la simpatía e intención de voto del FSLN, y por otro la favorabilidad de Ortega.

En cuanto al FSLN las encuestas lo que indican es que está volviendo a su techo histórico, quizá unas décimas más, pero no mucho más. Lo mismo ha ocurrido en el pasado, en que a medida que se acercan las elecciones, el FSLN comienza a recuperar su techo histórico, que ha oscilado, en las cuatro elecciones que hemos tenido entre 1990 y el 2006, entre el 38% y el 42%.

En cuanto a Ortega se aprecia un innegable crecimiento de su favorabilidad, y no se trata de cuestionar las encuestas pues caeríamos en la posición oficialista  que las cifras gustan cuando favorecen y se descartan cuando no favorecen.

Pero la favorabilidad es como la fama, volátil, y muchas veces efímera, por lo que cabe preguntarse si hay, más allá de fenómenos pasajeros como la amplia exposición de Ortega a los medios de comunicación por la emergencia de las  lluvias, y las entregas de materiales y suministros a los damnificados, razones de fondo que sustenten y, sobre todo, sostengan ese crecimiento de la favorabilidad de Ortega. Yo no los veo, y por eso no me preocupo, porque no creo haya un endoso de respaldo sostenible a su gobierno, una vez que la repartidera de la emergencia termine. Cuando la misma pase, y las entregas de ayuda de emergencia terminen, la gente volverá a su realidad, y en Nicaragua ni está creciendo el salario real ni están creciendo los empleos, que son las cosas que más importan. No tengo, por ejemplo, la menor duda, que si en este momento, después del rescate de los mineros chilenos, se mide la popularidad del Presidente Piñera, la misma se ha ido a los cielos, como en una situación diferente y en otro contexto ocurrió con el Presidente Bush después de la tragedia de las Torres Gemelas.

Finalmente, le dije a Pastrán, la política es como un juego de espejos, y ante el desastre de imagen de la oposición con su fraccionalismo, y magistrados y diputados que van y vienen de una a otra posición política, sin duda que eso repercute en que Ortega y su partido se vean mejor. Es como solía decir a los muchachas de mi pueblo, el Ocotal, cuando era joven, "vení, ponete a mi lado, que como soy feo te vas a ver más hermosa", y más de una mordió el anzuelo.

Ayuda externa que no es eterna

Se me podría decir, y con razón, que la capacidad de Ortega de seguir repartiendo, y ya viene la repartidera de la Purísima y Navidad, no se acaba con la emergencia de las lluvias, pues tiene el chorro de dinero de la ayuda de Chávez.

Cierto, pero la ayuda externa no es eterna, y a Chávez, a diferencia de hace dos o tres años, ya se le comienzan a contar los días. Cuando esa ayuda se acabe, y habiendo ahuyentado Ortega la cooperación de varias fuentes tradicionales como Europa y Estados Unidos, entonces quedaremos en el total desamparo.

Ortega está ocupando la ayuda externa que le llega a montones para ganar fidelidades pasajeras, y no para desarrollar el país, generando más empleos y mejor pagados.

Con lo anterior quiero decir lo siguiente: la continuidad de Ortega, es la receta para el fracaso, pues seguiremos en la indigencia y la postración, estirando la mano, esperando la ayuda de emergencia, en vez de tener empleos dignos que permitan salir de la pobreza.

¿Presidente de los pobres o de la pobreza?

A propósito de las encuestas mencionadas, participé de una conversación animada en que los puntos de vistas se acercaban y se separaban según los diversos temas.

         ---Cómo no va a salir mal la oposición, dijo uno de los partícipes, si solamente habla de política y no de las cosas que interesan a la gente. Mirá, agregó, las encuestas dicen que a la gente le preocupa el empleo, el salario, la pobreza.

        ---Por eso es que Daniel sale bien, comentó otro, porque siempre está hablando de los pobres.

        ---Lindo sería, terció otro, que tuviéramos un Presidente que no tuviera que hablar de los pobres, porque ya no hay pobres.

Es verdad, concluí yo, Ortega es el Presidente de la pobreza pero no de los pobres, porque si fuese el Presidente de los pobres los estaría sacando de la pobreza, y no lo está haciendo. Con limosnas no se saca a los pobres de la pobreza.

Brito

Cerramos la semana con la noticia que una decisión final sobre la construcción de una hidroeléctrica desviando aguas del Lago de Nicaragua hacia el pacifico, a través del río Brito, en el istmo de Rivas, había sido postergada mientras no se precisara con suficiente evidencia científica el impacto ambiental del mismo.

Cuando en un programa de televisión vi al Viceministro del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (MARENA) comentando al respecto, lo que después confirmaron otras autoridades, pensé en lo bueno que el gobierno atendiera las voces que se habían levantado desde la comunidad científica y académica cuestionando los potenciales beneficios de tal proyecto.

En otra ocasión, a propósito del proyecto hidroeléctrico Tumarín, aguas abajo del Río Grande de Matagalpa, comenté que no se trataba de quedarse paralizados en la discusión polarizada si esta clase de proyectos se hacían o no se hacían, sino si se hacían bien o se hacían mal, cuidando o descuidando los potenciales impactos sociales y ambientales negativos.

Que ahora Ortega apoye este tipo de proyectos, a los que se opuso tenazmente cuando estaba en la oposición, no nos llevará nunca a la posición destructiva que por oponernos al gobierno le hacemos daño al país. Como Ortega lo hizo.

El poder de los sueños

Cuando se rescató a los primeros mineros chilenos, en lo que sin duda ha sido probablemente la noticia más importante y emotiva del año, el Presidente Piñera dijo algo así como que la hazaña era el fruto del poder de los sueños de los hombres despiertos.

Me recordó la frase de un cuento de Edgar Allan Poe en que dice que “aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche”.

Se me viene a la memoria porque algunos han tomado con desaliento las encuestas que hablan de una mayor popularidad de Ortega. Yo, que intento ver por detrás de las escaramuzas noticiosas, creo que la inmensa mayoría de nicaragüenses, frente a la continuidad que representa Ortega, quieren un cambio, que ese cambio es posible, y lo vamos a lograr.

 

(*) Político nicaragüense y colaborador de ContraPunto